Skip to content

La Charca

La Charca es un embalse que recoge las aguas del nacimiento de la Fuente de la Reja desde tiempos medievales. En un principio fue una simple presa con un muro de piedra de contención y unas compuertas que regulaban la salida del agua a través de una intrincada red de kilómetros de acequias. Éstas regaban las tierras de huerta y olivar situadas al Sur del núcleo urbano, distribuidas en bancales. Los caces superiores servían de límite Sur a la población, delimitando así el crecimiento urbanístico de Pegalajar.

Este manantial nunca ha sido suficiente para fertilizar todas las tierras que se extienden en nivel decreciente hacia el río Guadalbullón. Por otra parte, siempre han sido muy numerosos los años de sequía, en los que el volumen aforado por dicha fuente disminuía de una forma considerable, debido a que la superficie piezométrica del acuífero situado al Norte de la población, que da lugar al manantial de la Charca, está ligada a conducción por galerías con fenómenos de sifonamiento.

Referéncias históricas a la Charca y su Huerta

Fuente de la Reja (2001)

Sobre el origen del estanque que embalsa las aguas de la Fuente de la Reja para utilizarlas en el riego de las huertas del término no conocemos nada seguro. Es probable que se remonte a época musulmana. Las más antiguas noticias que tenemos las refiere la Crónica del Condestable Iranzo, datan de 1469 y 1470, en las que se hace referencia a la Fuente Vieja, nombre con el que se conoció la Fuente de la Reja hasta el siglo XIX, y a las huertas de Pegalajar en relación con hechos bélicos de frontera.

También en el año 1465 hay referencias a los molinos de Pegalajar, situados en la Huerta, que utilizaban como fuerza motriz el agua de la Fuente de la Reja. En los Anales de Jaén de Juan de Arquellada se dice que cuando el cerco de la ciudad de Jaén por parte del Maestre de Calatrava Pedro Girón, destruyeron los molinos de alrededor de la ciudad, por lo que el Condestable Miguel Lucas de Iranzo mandaba ir a moler a los molinos de La Guardia y Pegalajar. Más adelante, Juan de Arquellada relata la entrada de los moros en el arrabal de Pegalajar en 1470, tras horadar el adarve Pegalajar “en par del molino“.

En el siglo XVI las referencias a la Huerta, sus acequias y ordenanzas aparecen en los documentos relacionados con la independencia jurídica de Pegalajar respecto a la ciudad de Jaén:

… antes que los dichos oficiales de concejo que agora son tomasen sus oficios en poder de los otros oficiales que fueron quitados estavan muy bien guardadas las heredades e las acequias por donde se regaban enteras e sanas e agora no están tan bien guardadas, antes andan ganados por ellas y este testigo ansí lo a visto algunas vezes e las acequias por donde se riegan están caídas e ciegas e aportilladas por munchas partes e la causa desto es entrar ganados por ellas e que no sabe este testigo a cuya causa se haze esto más que le paresce que si la justicia tuviese diligenca e prendase y ejecutase conforme a las hordenanças e como son obligados que no se haría lo que se haze y esto es cosa pública e notoria en la villa“.

En el siglo XVII, también aparecen referencias a las aguas de la Fuente de la Reja y la Huerta en la bibliografía de la época. Así Francisco Rus Puerta, dice en 1646 en su Corografía:

Tiene (Pegalajar) una fuente de donde nace un muy grande golpe de aguas muy buenas, limpias y frías, con que se riegan muchas huertas y cantidad de tierra“.

Más adelante, en 1752 (Catastro del Marqués de la Ensenada), se hace alusión a la gran importancia que para la agricultura local tenían los riegos de la Fuente Vieja y el Río “Guargollón” (Guadalbullón), con los que se abastecían olivos, viñas, frutales, maíces, hortalizas,… Encontramos por primera vez escrito el nombre de “la Balsa“, en alusión al estanque que embalsa las aguas de la Fuente Vieja, en cuyas proximidades había plantados algunos morales, propiedad de la Cofradía de la Virgen de las Nieves.

La documentación más antigua referente a la Charca o Balsa -nombre con el que se le denominaba en el pasado- en el Archivo Municipal de Pegalajar sólo data de la segunda mitad del siglo XVIII, debido al expolio documental que ha sufrido este archivo. A través de esta documentación constatamos cómo tradicionalmente existían unas normas para el uso y distribución del agua de la Fuente de la Reja, conocidos como “repartimientos de presa“. En 1828 se vio la necesidad de “arreglar el repartimiento de aguas” de dicha fuente, de modo que fuese permanente y “evitar las disputas de los interesados al riego“. Para ello se acordó elaborar un cuaderno que lo reglamentase, manteniendo “el orden de primacía que hay de costumbre“.

Estos repartimientos datan de “tiempo inmemorial” y posiblemente estén relacionados con las citadas ordenanzas de la Huerta del siglo XVI, que no han llegado hasta nosotros. En 1828 son 768 las heredades comprendidas en la Huerta, cuyo turno de agua era meticulosamente reglamentado en este cuaderno. Esto se complementa con siete puntos en él son recogidos.

Primera representación gráfica de la Charca (1859)

En 1860 se elaboró un nuevo reglamento, el cual mantenía la esencia del anterior, hechas algunas modificaciones. Junto a éste se hizo un censo de propietarios para el reparto de aguas. Con el tiempo, los reglamentos quedaban desfasados en lo referente a la distribución de las parcelas, por lo que renovaban al cabo de los años.

Sobre 1842, también el Diccionario de Madoz recoge la importancia para la economía de la población de la Fuente de la Reja y la Charca:

A corta distancia de la villa hay un nacimiento de agua muy considerable, el cual forma un estanque con el que se proporciona algún riego y se mueven varios molinos“.

Con un texto parecido aparece también reflejada la Charca en diccionarios geográficos estadísticos posteriores, como el de la Sociedad de Literatos, de 1831-1834.

Reformas de la Charca en el pasado

La primera reforma de la que tenemos conocimiento se realizó a principios del siglo XVII. Debió ser una obra de gran envergadura, pues hasta nosotros ha llegado el lienzo conmemorativo de la terminación de las obras, que aún se puede observar sobre la Fuente de la Reja. Está decorado de elementos heráldicos, las armas de Felipe III y las de la propia villa, en la que figura la siguiente descripción, que ya recogió Bernardo de Espinalt en su obra Atlante Español, de 1787:

“Reynando en España el rey D. Felipe III
Mandó hacer esta obra la villa de Pegalajar año de 1605″

La primera representación gráfica de la Charca la encontramos en un proyecto de un molino harinero de 1859. En él se recoge la imagen de laguna que históricamente tuvo hasta la reforma de 1903, junto con la alameda que la rodeaba. La continua erosión de la Serrezuela, cuyas escorrentías llegaban a la Charca, provocaba sedimentación y con el tiempo la consiguiente disminución del volumen de almacenaje, por lo que su limpieza se hacía necesaria. Otro problema era el mal estado de la muralla, causa de filtraciones y abundante pérdida de agua, de lo que se quejaban los propietarios de las parcelas de huerta y molinos de harina y aceite. Éstas eran las principales razones que se aducían para las periódicas limpiezas de la Balsa, también en el proyecto de reforma de 1903, además de “por bien de la salud pública“, debido al estancamiento de las aguas.

La Charca antes de la remodelación

La reforma del estanque en 1903 consistió en el amurallamiento de todo su contorno hasta el nivel de la tierra de la Alameda en una extensión semejante a la actual. Aunque mejorado el embalse de la Charca tras esta última reforma continuó el grave problema de las filtraciones, tanto por el muro como por el suelo, a lo que había de añadir el problema higiénico.

Durante el período de la Segunda República, el tema de la reforma de la Charca va a ser una de las principales preocupaciones del Ayuntamiento. El importante presupuesto que suponía esta obra estaba lejos de su esfuerzo y del de la Sociedad de Agricultores. Ambos, en 1932, solicitaron al ministerio de Obras Públicas el dinero necesario para la reforma del embalse, basándose principalmente en las consideraciones sanitarias, intentos que continuaron en los años siguientes. El inicio de la Guerra Civil paralizó estas actuaciones.

Tras la Guerra, el proyecto de reforma de la Charca volvió a retomarse. En el mes de mayo de 1943 la Jefatura Nacional autorizó dicho proyecto, cuya redacción fue encargada al Ingeniero Agrónomo Wistremundo de Loma y al Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Manuel Tercero. Por el mes de Septiembre ya había iniciado el proyecto, con la división del mismo en dos partes, la primera correspondiente a las obras de reparación necesarias en el embalse, y en segundo lugar la redacción del proyecto de mejora y nuevo trazado de las acequias. Éste último lo llegaría a realizarse. En la memoria del primer proyecto, se justifica la importancia de la obra, además de por su interés socioeconómico, por su valor histórico:

Desde hace muchísimos años, casi desde tiempo inmemorial se vienen aprovechando las aguas del manantial ‘El Nacimiento’ de Pegalajar para el riego de una extensa zona de terreno de primera calidad dedicado al cultivo de legumbres, hortalizas y aun al de cereales y olivar, almacenando para ello las aguas del manantial indicado que afloran en el interior del pueblo junto a la travesía por éste del camino vecinal ‘De Mancha Real a la Cª de Bailén a Málaga por Pegalajar’ en un diminuto embalse o una gran alberca construida en las proximidades de aquel al otro lado del vecinal indicado“.

En esta memoria también se hace una descripción del volumen de agua que almacenaba el embalse antes de la reforma, ascendiente a unos 2.000 metros cúbicos, que regaban “de un modo intermitente y poco eficaz” 400 hectáreas de huerta y 1.500 hectáreas de olivar. Se consideraba que de aprovechar convenientemente el caudal disponible, evitando las pérdidas por filtraciones y aumentando la capacidad del embalse, su cabida ascendería a unos 12.000 metros cúbicos diarios, con lo que podía ampliarse el riego a una superficie superior a tres veces la actual.

Finalmente las obras se realizaron por administración. Fueron iniciadas en septiembre de 1944. No obstante, el plazo de ejecución estipulado en un principio en seis meses de dilató por años, pues no fue hasta 1949 cuando fueron en su totalidad concluidas.

La Charca en las últimas décadas

La Charca aun hoy día mantiene la fisonomía de esta última reforma, la cual levantó en la población expectativas de desarrollo y progreso, gracias al importante volumen de aforo de la Fuente de la Reja. A partir de 1950, el paseo de la Alameda de la Charca desplazó de una forma categórica a la Plaza de la Constitución como zona de recreo. La Charca pasó a ser el centro de la vida de ocio y fiestas de los pegalajeños. En su recinto se realizaban diversas actividades, como eran los baños, audiciones musicales, paseos en barca, piragüismo, natación, … La década de los sesenta fue la época dorada del recinto, convirtiéndose en un pequeño núcleo turístico a nivel comarcal.

La desecación del manantial de la Fuente de la Reja en 1988 por sobreexplotación del acuífero que lo abastece supuso un duro golpe para la población de Pegalajar, que tiene en la Charca una de sus señas de identidad. Desde entonces, la Charca se ha llenado de agua sólo en contados períodos de abundantes lluvias.

La puesta en marcha en el año 2007 del plan de extracciones de su acuífero dos décadas después, facilitado por la climatología, ha permitido recuperar el manantial y emprender medidas encaminadas a su puesta en valor como recurso de desarrollo local.

Autor: J. Antonio López Cordero
Nota: Sobre Historia de Pegalajar, más información en http://www.pegalajar.net